Una de las valoraciones más objetivas
A diferencia de otras patologías, la pérdida de audición se mide de forma bastante precisa. El Real Decreto 888/2022 valora la pérdida auditiva binaural a partir de la audiometría tonal en las frecuencias 500, 1000, 2000 y 3000 Hz, y considera si la pérdida es en uno o en ambos oídos.
Los grados de hipoacusia
| Grado | Pérdida (orientativa) |
|---|---|
| Leve | 20 – 40 dB |
| Moderada | 41 – 70 dB |
| Severa | 71 – 90 dB |
| Profunda | más de 90 dB |
A partir de la hipoacusia severa bilateral se suele superar el 33%, el umbral que abre los beneficios. La pérdida en un solo oído (cofosis unilateral) da porcentajes menores, salvo que se sume a otras afectaciones.
Qué se tiene en cuenta
- La pérdida medida en decibelios y su carácter uni o bilateral.
- El rendimiento con ayudas técnicas (audífonos, implante coclear).
- La afectación del lenguaje y la comunicación, sobre todo en la sordera prelocutiva.
Si quieres profundizar en la valoración de la audición y las entidades de referencia, consulta nuestra guía de discapacidad auditiva.
Por qué llevar audífono o implante no «anula» la valoración
Es una de las dudas más frecuentes: si un audífono o un implante coclear mejoran mucho la audición, ¿sigue contando la pérdida original? La respuesta es que el baremo valora tu situación auditiva funcional real, y eso incluye tanto la pérdida de base como el rendimiento efectivo con la ayuda técnica puesta, no la pérdida «desnuda» sin corrección ni tampoco una audición idealizada como si el dispositivo la resolviera del todo.
En la práctica esto significa varias cosas. Primero, que el informe de otorrinolaringología debe reflejar la audiometría con y sin ayuda técnica, para que quede constancia de cuánto mejora realmente y qué limitación persiste incluso con el dispositivo puesto: ni los audífonos ni los implantes cocleares restauran una audición normal, especialmente en ambientes ruidosos o para discriminar la palabra. Segundo, que factores como la comprensión del habla en ambiente ruidoso, la localización del sonido o la fatiga auditiva por el esfuerzo de escucha continuado son limitaciones reales aunque la audiometría tonal muestre una mejora aparente. Y tercero, que en los implantes cocleares el proceso de adaptación y rehabilitación auditiva lleva tiempo: una valoración hecha muy pronto tras la cirugía puede no reflejar el rendimiento final, así que conviene esperar a que el proceso esté suficientemente asentado o hacerlo constar en el informe.
La diferencia entre sordera prelocutiva y sordera adquirida
No toda pérdida auditiva del mismo número de decibelios se valora exactamente igual en la práctica, porque el momento de aparición importa. La sordera prelocutiva —presente desde el nacimiento o adquirida antes de desarrollar el lenguaje oral— tiene, además de la pérdida auditiva en sí, una repercusión potencial en la adquisición del lenguaje, el desarrollo educativo y la comunicación que el equipo de valoración también pondera. La sordera adquirida en la edad adulta, en cambio, se valora sobre todo por la pérdida auditiva medida y su impacto funcional actual (comunicación, seguridad —por ejemplo, no oír avisos o alarmas—, vida laboral y social), sin ese componente de desarrollo del lenguaje.
Documentación recomendada
- Audiometría tonal reciente, en las frecuencias 500, 1000, 2000 y 3000 Hz, con y sin ayuda técnica si usas audífono o implante.
- Audiometría verbal (de discriminación del habla), que complementa la tonal y refleja mejor la comprensión funcional.
- Informe de otorrinolaringología con el diagnóstico, la causa (si se conoce) y si la pérdida es uni o bilateral.
- Informe del rendimiento con audífonos o implante coclear, incluyendo el tiempo de adaptación si el implante es reciente.
- Si hubo sordera prelocutiva: informes de logopedia o del desarrollo del lenguaje.
Puedes ver cómo se calcula el porcentaje global en cómo funciona el baremo de discapacidad.
Sordera e inclusión laboral
La adaptación de un puesto de trabajo para una persona con pérdida auditiva rara vez pasa por cambios estructurales costosos: en la mayoría de los casos se trata de ajustes de comunicación y de seguridad. Entre los más habituales están los avisos visuales en lugar de exclusivamente sonoros (alarmas, timbres, notificaciones), reuniones con apoyo visual o transcripción cuando es posible, y la reducción del ruido ambiente de fondo, que dificulta especialmente la comprensión del habla incluso con audífono o implante.
En puestos que requieren mucha comunicación oral con público o compañeros, contar con un intérprete de lengua de signos española (LSE) o con sistemas de subtitulado en tiempo real en reuniones puede marcar la diferencia entre poder desempeñar el puesto con normalidad o quedar sistemáticamente en desventaja. Si tu pérdida auditiva es severa o profunda y usas LSE como lengua principal, merece la pena que conste explícitamente en el informe, porque condiciona directamente qué adaptaciones son razonables.
Un aspecto que a veces se pasa por alto es la seguridad: en entornos con maquinaria, tráfico de vehículos o protocolos de evacuación sonoros, la pérdida auditiva no corregida puede suponer un riesgo real que debe abordarse con señalización visual y protocolos adaptados, no solo con un ajuste de comodidad. El certificado de discapacidad, junto con el informe de un servicio de prevención de riesgos laborales, es la vía para formalizar estas adaptaciones con respaldo legal frente a la empresa.
Cómo se solicita y qué da derecho
El procedimiento es el general: cómo solicitar el certificado de discapacidad en tu comunidad autónoma. Con el 33% accedes a los beneficios fiscales, laborales y demás. Consulta qué corresponde a cada grado y las ayudas económicas.
Si el grado reconocido no refleja tu situación
Si la valoración se hizo muy pronto tras un implante coclear o no reflejó bien tu rendimiento auditivo real en el día a día, tienes derecho a recurrir la resolución. Y si tu pérdida auditiva progresa con el tiempo, puedes solicitar una revisión por agravamiento.