La artrosis, dentro del grupo más numeroso
Las deficiencias del aparato locomotor (osteoarticulares) son, según los datos del IMSERSO, el grupo más frecuente entre las personas con grado de discapacidad reconocido en España. La artrosis, por su prevalencia, es una de sus causas principales. Aun así, el Real Decreto 888/2022 no asigna un porcentaje por tener artrosis: valora cómo limita tu movilidad y tus actividades.
Qué se valora
- Articulaciones afectadas: no es lo mismo una artrosis localizada que una poliarticular o que afecta a zonas críticas (columna, caderas, rodillas).
- Rango de movilidad y dolor: la pérdida de movimiento y el dolor que limita la función.
- Impacto en las actividades de la vida diaria: caminar, subir escaleras, vestirse, cargar peso, mantenerse de pie.
- Resultado tras cirugía: si llevas una prótesis, se valora la función que conservas, no el implante en sí.
Una artrosis avanzada, en varias articulaciones o con limitación funcional importante es la que con más frecuencia alcanza el 33% o lo supera.
Qué grado se suele alcanzar
- Artrosis leve o inicial: afecta a una sola articulación, dolor ocasional con el esfuerzo, sin apenas limitación para las actividades habituales. Grado radiológico de Kellgren-Lawrence 1-2. Suele quedarse por debajo del 33%.
- Artrosis moderada: dolor más frecuente, cierta limitación de movilidad, dificultad para esfuerzos como subir escaleras o caminar distancias largas, grado radiológico 2-3. Es el perfil en el que con más frecuencia se alcanza el 33%.
- Artrosis grave: afectación de varias articulaciones o de articulaciones de carga (caderas, rodillas) o de la columna, dolor con la marcha habitual o en reposo, deformidad visible, grado radiológico 3-4, o secuelas funcionales relevantes tras la cirugía. Este grupo supera con facilidad el 33% y puede acercarse al 65% si la limitación para caminar es severa.
El grado de Kellgren-Lawrence y la función tras la prótesis
Los radiólogos clasifican la severidad de la artrosis visible en una radiografía simple mediante el grado de Kellgren-Lawrence, de 0 a 4: desde la ausencia de signos radiológicos (0) hasta una artrosis severa con pérdida importante del espacio articular, esclerosis subcondral marcada y deformidad del hueso (4). Es una medida objetiva y estandarizada que aporta valor al expediente, aunque conviene tener claro que el grado radiológico y el dolor no siempre van de la mano: hay personas con una imagen muy deteriorada y relativamente poco dolor, y al revés. Por eso el baremo no se basa solo en la radiografía, sino en la limitación funcional real que describas y que tu traumatólogo documente.
Cuando la artrosis ha requerido cirugía de sustitución articular (prótesis de cadera o rodilla, principalmente), la valoración cambia de enfoque: ya no se mira la artrosis original, sino la función que conservas con la prótesis. Eso incluye el rango de movilidad articular alcanzado tras la rehabilitación, el dolor residual (una prótesis bien integrada debería reducir mucho el dolor, aunque no siempre desaparece del todo), la capacidad real para caminar, subir escaleras o cargar peso, y las posibles complicaciones (aflojamiento protésico, necesidad de una segunda cirugía de revisión). Un informe de traumatología que describa explícitamente estos aspectos —no solo que «se implantó una prótesis»— es la pieza clave para esta situación.
Documentación recomendada
- Informes de traumatología o reumatología con el diagnóstico, las articulaciones afectadas y la evolución.
- Pruebas de imagen (radiografías con el grado de Kellgren-Lawrence, resonancias si aplica) que muestren el grado de afectación.
- Informes de rehabilitación con la valoración funcional (rango de movilidad, fuerza, capacidad de marcha).
- Si ha habido cirugía: informe quirúrgico y de seguimiento post-protésico, incluyendo complicaciones si las hay.
- Datos sobre la limitación funcional en tu día a día: distancia máxima de marcha, uso de ayudas técnicas (bastón, andador), dificultad para escaleras.
Artrosis y adaptación del puesto de trabajo
Los trabajos que exigen estar de pie durante muchas horas, cargar peso, subir y bajar escaleras con frecuencia o realizar movimientos repetitivos de rodillas o manos son los que antes se ven afectados por la artrosis, sobre todo cuando compromete articulaciones de carga como la cadera o la rodilla. A diferencia de otras patologías, aquí las adaptaciones suelen ser bastante concretas y de eficacia probada: sillas ergonómicas o taburetes de apoyo para tareas que antes se hacían de pie, herramientas que reduzcan la carga sobre las articulaciones de las manos, o una redistribución de las tareas que impliquen subir escaleras o cargar peso.
Tras una cirugía de prótesis, la reincorporación al trabajo suele ser progresiva: el periodo de rehabilitación puede alargarse varios meses hasta recuperar una función suficiente, y forzar una vuelta temprana a tareas de carga o impacto puede comprometer el resultado de la cirugía a largo plazo. Un informe de rehabilitación que indique el calendario de recuperación esperado ayuda a planificar una reincorporación realista con tu empresa.
Cuando la artrosis afecta a la columna, además de los factores anteriores, las posturas mantenidas (sentado o de pie sin poder cambiar de postura) y la conducción prolongada suelen ser especialmente limitantes, y conviene que el informe de traumatología lo detalle si es tu caso.
Cómo se solicita y qué da derecho
Se tramita con el procedimiento general: cómo solicitar el certificado de discapacidad en tu comunidad autónoma. Con el 33% accedes a los beneficios fiscales, laborales, de vivienda y movilidad. Revisa qué corresponde a cada grado y las ayudas económicas.
Si el grado reconocido no refleja tu situación
Si consideras que el grado no refleja tu limitación real —algo frecuente cuando la valoración se hace poco después de una cirugía y antes de completar la rehabilitación—, tienes derecho a recurrir la resolución. Y si la artrosis empeora con el tiempo, puedes pedir una revisión por agravamiento.