Se valora la limitación, no el diagnóstico
Como en el resto de patologías, el Real Decreto 888/2022 no asigna un porcentaje por tener una cardiopatía: valora cuánto limita tu corazón tu vida diaria. Una misma enfermedad (insuficiencia cardíaca, cardiopatía isquémica tras un infarto, una valvulopatía) puede dar grados muy distintos según su gravedad.
Los factores que más pesan
- Clase funcional NYHA: la referencia principal. Mide en qué esfuerzos aparecen la fatiga o la falta de aire, de la clase I (sin limitación) a la IV (síntomas en reposo).
- Fracción de eyección y otros parámetros de la función del corazón.
- Síntomas (disnea, angina) y su frecuencia.
- Curso clínico: suele exigirse una evolución de al menos seis meses para valorar la situación estable.
- Respuesta al tratamiento y repercusión en otros órganos.
Una cardiopatía en clase funcional II-III mantenida, con buena documentación, es la que con más probabilidad alcanza el 33% o lo supera.
Qué grado se suele alcanzar según la clase NYHA
- Clase I: actividad física ordinaria sin síntomas. No suele generar limitación relevante para el baremo, salvo que concurran otros factores.
- Clase II: síntomas (fatiga, palpitaciones, disnea) con esfuerzos importantes, pero cómodo en reposo. Puede acercarse al 33% si se combina con otros parámetros afectados (fracción de eyección reducida, arritmias).
- Clase III: síntomas con esfuerzos ligeros —vestirse, caminar distancias cortas—, aunque cómodo en reposo. Es la clase en la que con más frecuencia se alcanza el 33%, sobre todo si se mantiene estable durante los seis meses de evolución que suele exigirse.
- Clase IV: síntomas en reposo o con cualquier actividad física, empeoran con el mínimo esfuerzo. Este grupo alcanza grados altos, con frecuencia por encima del 65%.
Por qué se exige un curso clínico estable y qué pesa además de la NYHA
La clase funcional NYHA se basa en gran parte en la percepción de síntomas, así que el equipo de valoración la contrasta con datos más objetivos: la fracción de eyección (el porcentaje de sangre que el ventrículo izquierdo bombea en cada latido, medida por ecocardiograma; una fracción reducida indica peor función de bombeo), los resultados de la ergometría o prueba de esfuerzo (cuánta actividad física tolera realmente el corazón antes de que aparezcan síntomas o cambios en el electrocardiograma) y el historial de ingresos hospitalarios por descompensación.
Por eso suele exigirse una evolución mínima de unos seis meses antes de fijar el grado: una cardiopatía recién diagnosticada, sobre todo tras un infarto o una cirugía, puede mejorar de forma significativa con el tratamiento y la rehabilitación cardíaca, y una valoración muy precoz podría no reflejar la situación funcional definitiva. Si tu cardiólogo considera que ya has alcanzado una situación estable antes de ese plazo, puede reflejarlo expresamente en el informe.
Las arritmias merecen mención aparte: aunque no siempre limitan la capacidad de esfuerzo de forma constante, una arritmia con riesgo vital documentado (que haya requerido un desfibrilador implantable, por ejemplo) o que provoque síncopes de repetición añade un componente de riesgo que el equipo de valoración también pondera, más allá de la clase NYHA estricta.
Documentación recomendada
- Informe de cardiología con el diagnóstico, la clase NYHA, la fracción de eyección, el tratamiento y la evolución en los últimos seis meses o más.
- Ecocardiograma y prueba de esfuerzo (ergometría) recientes.
- Historial de ingresos por descompensación, arritmias graves o intervenciones (cateterismo, cirugía, implante de marcapasos o DAI).
- Holter u otras pruebas de arritmias, si aplica.
- Informe de rehabilitación cardíaca, si la has realizado, con la tolerancia al esfuerzo alcanzada.
Puedes ver cómo se calcula el porcentaje en cómo funciona el baremo de discapacidad.
El retorno al trabajo tras un evento cardíaco
Tras un infarto, una cirugía cardíaca o el diagnóstico de una insuficiencia cardíaca, la reincorporación al trabajo no siempre es sencilla, y es un proceso que conviene planificar con calma en lugar de forzarlo. La rehabilitación cardíaca —un programa supervisado de ejercicio progresivo, educación y apoyo psicológico— es, además de beneficiosa para tu recuperación, una fuente valiosa de documentación: el informe final suele indicar la capacidad funcional alcanzada (a menudo en METs, una medida del gasto energético del esfuerzo), un dato mucho más práctico para valorar tu aptitud laboral real que la clase NYHA aislada.
Los trabajos que combinan esfuerzo físico intenso con estrés mantenido son los que con más frecuencia requieren adaptación o cambio de puesto tras un evento cardíaco: no solo por el componente físico, sino porque el estrés psicológico también influye en el control de muchas cardiopatías. Si tu médico de atención primaria o de salud laboral considera que tu puesto anterior ya no es compatible con tu situación cardíaca, ese informe es clave tanto para la valoración del grado de discapacidad como para negociar con tu empresa una readaptación de funciones.
Si el corazón no recupera una capacidad funcional suficiente para tu puesto habitual pese al tratamiento y la rehabilitación, puede plantearse además una incapacidad permanente en su modalidad correspondiente, un procedimiento distinto y compatible en determinados casos con el grado de discapacidad.
Cómo se solicita y qué da derecho
El procedimiento es el general: cómo solicitar el certificado de discapacidad en tu comunidad autónoma. Con el 33% accedes a los beneficios fiscales, laborales y demás. Consulta qué corresponde a cada grado y las ayudas económicas.
Si el grado reconocido no refleja tu situación
Si consideras que la valoración no reflejó bien tu limitación real —por ejemplo, porque se hizo demasiado pronto tras el diagnóstico—, tienes derecho a recurrir la resolución. Y si tu cardiopatía empeora con el tiempo, puedes solicitar una revisión por agravamiento.